Eusebio Leal: el espíritu de Cuba es la caña
Fuente: Ana Leticia López Enamorado
Fecha: 09/18/2019

Quizás hoy en día la caña es más necesaria que nunca. La caña es proteína, es alimento, es mitigación de la fatiga; el espíritu de Cuba es la caña, expresó el Doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana.

En entrevista exclusiva del Grupo de Comunicación Institucional de AZCUBA, el destacado intelectual cubano conversó sobre caña, aroma, batey, criollismo, patriotismo, nacionalidad e independencia; palabras muy cercanas al sector, no solo por lo que significan sino también porque forman parte de la cultura e identidad nacional.  

Durante su intervención recordó su primera visita en la infancia a un ingenio, así como otros momentos memorables asociados a la historia de la agroindustria azucarera.  

“Al visitar un central en la provincia de Matanzas, sentí el perfume de los ingenios. A lo largo de todo el camino uno sabía que se estaba realizando la zafra, y un lema recorría el espíritu de Cuba en aquel momento, que tenía doble interpretación, una que podíamos llamar fatal y otra que podían llamar gloriosa: sin azúcar no hay país”.

 “Creo que eso es una gran verdad y la recuperación de la memoria histórica entorno al batey, al ingenio, al central y a sus consecuencias, desde el momento mismo en que Colón introdujo las primeras cepas de caña, el azúcar formó parte indispensable del ser cubano.

“Cuando estudié la historia de la caña, comprendí que Grito de Independencia no pudo salir de ningún otro ámbito que no fuera del patio de un ingenio: el batey. Y cuando peregrino llegué al monumento más lindo de Cuba, que hizo no el hombre, sino la naturaleza, cuando vi la lanzadera y las ruedas dentadas que aparecían en las monedas de la mayor de las Antillas, de las ruinas del ingenio Demajagua comprendí en profundidad lo que aquello significaba.

“La caña fue un símbolo de rebeldía, pero al mismo tiempo significaba la servidumbre extraordinaria que con el tiempo la caña traía encadenada a su destino: la esclavitud africana, la explotación y misericordia de la clase obrera después, las luchas por el diferencial azucarero, el martirio de incontables dirigentes y de campesinos que defendieron sus derechos, y la colosal figura de Jesús Menéndez, que era como el símbolo glorioso de una lucha inmemorial.

“Recuerdo las palabras de un gran azucarero, un gran coleccionista que había creado el orquidario de Soroa, Tomás Felipe Camacho, que conversando con un magnate de La Habana y preguntándose si la Revolución sobreviría al año 1959, le respondió: si ellos hacen la zafra, la Revolución prevalecerá­.

“Y la más grande aspiración fue hacer la gran zafra que movilizó a la nación, porque era algo más que obtener un puñado de azúcar, fue una lucha emancipadora, y aunque se logró un alto porcentaje, no se logró los 10 millones, pero fue una inflexión en la historia azucarera del país.

“En los estudios para lo que fue mi vocación, leí obras monumentales como la de Regino Pedroso, Regino Boti, Ramiro Guerra, y la más grande, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, de Don Fernando Ortiz, que es como un concierto de cámara, y el que no la haya leído no entiende a Cuba.

“Hoy no se puede hablar de azúcar sino se habla de sus derivados. Es necesario hablar de la celulosa, la azúcar ecológica, el cartón, el papel, el alimento animal, los medicamentos, los diferentes tipos de rones, y la Isla con 500 años de experiencia azucarera está todavía en el alma del país, y en la memoria de los viejos azucareros.

“Una gran tragedia es la pérdida en gran medida de los archivos de los centrales, por lo que al desmantelarse la industria considero que ella está unida a la historia del ferrocarril, desarrollo industrial, progreso económico y a la liberación nacional.

“Todo esfuerzo actual que no regrese a los principios, se convertirán en nobles propósitos anuales, siempre reiterados y no cumplidos, por tanto tiene que volverse a la raíz del tema, el cual está en el campo, la industria, en una inversión poderosa para la recapitalización del sector, que será una tarea presente y futura.

“La caña está presente en la poesía, la literatura, la música campesina, en el arte, en la pintura de Mariano Rodríguez, Flora Fong, y Ever Fonseca”.

Estas citas y otras evidencian cuánto ha aportado el sector agroindustrial a la nación antillana, país como bien refirió Leal Spengler, “llegó hacer la primera productora azucarera del mundo”.