
Los cubanos honran al General de las Cañas
En el aniversario 78 de la desaparición física de Jesús Menéndez, se rinde homenaje al General de las cañas en toda Cuba y desde Manzanillo el pueblo rinde tributo en el monumento erigido al líder azucarero con ofrendas florales en un acto multitudinario.

Honradez, autoridad moral y liderazgo caracterizaron la obra de esta figura prominente del proletariado cubano que procedía de una familia humilde que combatió al colonialismo español en la isla.
Con el morral a la espalda salió a ganarse el sustento y en su duro bregar por los campos y los ingenios conoció el proceso de la explotación capitalista y las causas que lo generaban.
El sector azucarero no solo fue el punto de partida en su vida laboral, sino el campo de batalla donde comenzó a destacarse como fiel defensor de los intereses de la clase obrera.
En plena dictadura de Gerardo Machado (1925-1933) organizó sindicatos en las filas de los tabacaleros y de los obreros de la agroindustria azucarera, dirigió huelgas y otras acciones que evidenciaron su liderazgo al punto de convertirse en secretario general de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros.
Al frente de esa organización y junto a otros compañeros de lucha logró importantes conquistas, como el establecimiento de convenios colectivos de trabajo, la reanudación de la zafra en centrales inactivos, un decreto sobre la higienización de los bateyes, la creación de una Caja de Retiro y la participación de los obreros en las negociaciones de la zafra, por solo citar algunas en el decenio de los años 40.
Sería imposible esbozar la vida del General de las Cañas, como le llamaban sus hermanos de clase, sin mencionar su mayor victoria: el Diferencial Azucarero.
Desde Washington y con la anuencia del gobierno del entonces presidente cubano Ramón Grau San Martín, llegó la orden de asesinar al bravo combatiente proletario. La orden la asumió un capitán del ejército el 22 de enero de 1948, en el andén ferroviario de la ciudad de Manzanillo, en el oriente cubano.
En tono desafiante, el uniformado intentó arrestar por la fuerza a Menéndez, quien le explicó que como Representante a la Cámara en el Congreso (Parlamento) tenía inmunidad parlamentaria y no podía ser detenido.
¡Yo a ti llevo vivo o muerto!, ripostó colérico el oficial mientras le disparaba por la espalda a su víctima. Caía asesinado y el crimen conmovió a toda la clase obrera que le tributó postrer homenaje a lo largo del traslado de su cadáver por vía férrea hasta La Habana.
Décimas por la muerte de Jesús Menéndez.
La sombra volvió al batey
por el sendero marchito
y parece un mudo grito
hasta el silencio del buey.
Una voz como de Hatuey
surge, grita, no desmaya;
viene desde ajena playa
la perfidia de una ola;
muere Jesús… ¡y que sola
se queda la guardarraya!
El dólar hizo explosiones
en un revólver malvado:
tres balas han apagado
la luz de los barracones.
Es que el terror con galones
resucita en el central
y otra vez el ideal
atacado por la espalda
enrojece la esmeralda
dulce del cañaveral.
¡Oíd! ha caído un cedro
talado por un gatillo.
¡Ahora sí que Manzanillo
midió el dolor de San Pedro!
La traición pensó en el medro
y el crimen le dio la cena,
para que dorada hiena,
sorda al grito del barranco,
se lleve el azúcar blanco
pintado de sangre buena.
Honor hoy y siempre al General de las Cañas: Jesús Menéndez Larrondo.